El pasado jueves en el Oasis Club Teatro volví a recuperar la ilusión. Fue uno de esos conciertos en los que uno, no sólo disfruta de la música en vivo, si no que además se llena de sensaciones que auguran nuevos tiempos, sensaciones que te dejan inmerso en un estado en el que sientes que todo es posible. The Raveonettes y Mister Hyde, con permiso de The Black Box Revolution, fueron los “culpables”.

Que Mister Hyde ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad, es un hecho que todos sabemos. Y no por el cartel de su gira, ni por esa nueva imagen madura que muestran, ni por la adaptación a los tiempos de su rock que se atisba en su nuevo single Romper a bailar, ni siquiera por el espaldarazo que supone recibir el premio al mejor EP aragonés del pasado año; Mister Hyde son una realidad porque su música en directo ha evolucionado hasta el punto de enganchar a las primeras de cambio al que no los ha visto ni escuchado nunca. Esa capacidad está al alcance de sólo unos pocos elegidos.
Mister Hyde salieron al escenario decididos a disfrutar de ellos mismos y contagiar al público de esa energía que desprenden. El cartel no iba del todo con ellos sobre el papel, pero debían hacer las veces de “liebre” para lanzar el camino de los que venían detrás. ¡Y cómo lo hicieron! A base de cañonazos, uno detrás de otro. Alternaron temas como Fantasmas, Laberintos en la Tierra, o El Silencio Entre Nosotros de su último trabajo editado (Fantasmas, Virtualbum.es), con algunos nuevos temas del que está por llegar como Romper a Bailar o Polos Opuestos. Fueron 45 minutos de adrenalina pura y dura, de guitarras limpias por encima de todo, de ritmos tan redondos como rotundos, de perfecta coordinación sobre el escenario, de complicidad con el público, de garra, de talento, de capacidad y sobre todo de ilusión. De mucha ilusión y ganas.
Recuerdo, al finalizar la actuación, mirar de izquierda a derecha y ver, por ejemplo, a Loquillo, Eva Amaral y Juan Aguirre, Pedro Andreu, Eneko y un sin fin de artistas y gente del mundillo de la música (incluido algún big player de la industría discográfica) que de una u otra manera aceptaban, y daban la bienvenida a los componentes de Mister Hyde como iguales. Hablando en un lenguaje que sólo ellos, los destinados a las grandes escenas, son capaces de entender y hablar, y felicitándoles, la mayoría de ellos, por su actuación, con respeto y sorpresa; intuyendo, de forma unánime, que con esta banda todo es posible, incluso revivir ciertas épocas gloriosas del rock aragonés. Lo que da buena cuenta de lo que hicieron el jueves, y si no al tiempo.
Pero ahí no acabó la noche, por si fuera poco con lo vivido con Mister Hyde, y después del impás que supuso la actuación de The Black Box Revolution, que dadas las circunstancias y aunque lo intentaron con cierto tino, se limitaron a cumplir su papel satisfactoriamente en la cadena de hechos, llegaba el turno de The Raveonettes para poner el broche final y perfecto a la velada musical.

The Raveonettes venían de Madrid con el cartel de “no hay billetes” debajo del brazo. El dueto compuesto Sharin Foo y Sue Rose Wagner, se presentaba en Zaragoza por primera vez: “We come to know the city, the people and for play in this cool scene”, un resumen que define a la perfección la filosofía escandinava.
Musicalmente se pudo gozar de un concierto de los que no suelen abundar por su calidad y capacidad para emocionar. Presentaban su último trabajo “In and out of control” del que interpretaron cortes como Oh I buried you today o Gone Forever, con una delicadeza extraordiaria. Las guitarras sesenteras, de tintes rock pop americano, inundaban la sala de la Calle Boggiero de un halo de ruido sedoso desprendido de cualquier complejo. Y es que es tal su versatilidad y amplitud, que incluso pudimos ver a la propia Sharin Foo a las cajas y timbales de la minúscula bateria que les acompañaba durante un par de canciones.

Veronica Fever, Lust, Aly Walk With Me o Love in a Trash Can, temas de sus anteriores trabajos, elevaban al público a un estatus generalizado de bienestar. El sonido impecable de la sala sólo se vió empañado (quizá) por una puesta en escena un tanto oscura y monocromática, pero ¿Quién quiere un espectáculo de luces cuando escucha a The Raveonettes en directo?

Escuchar a The Raveonettes supone recordar a la Velvet Undergound, a The Everly Brothers o, incluso en ciertos pasajes, a algún otro artista rock flok americano “más canallesco”. De hecho, la grandeza de los daneses radica principalmente en eso, en el talento que atesoran para combinar tanta influencia dispar en melodías pop, perfecatmente engranadas y presentadas ante el público con la sencillez del que se sabe valedor de lo que hace, de lo que es y de lo que quiere transmitir. El viaje por la memoria personal y musical de uno mismo está servido de manera soberbia.
En definitiva y a grandes rasgos, la sensación de los asistentes (que por cierto abarrotaron el Oasis Club Teatro) fue muy satisfactoria de principio a fin. Comenzando por la raza y fuerza de Mister Hyde y disfrutando de la delicadeza romántica de The Raveonettes, quienes no renunciaron para ello, y en ningún momento, a la distorsión de sus eléctricas guitarras. Y es que, como bien demostraron éstos últimos, no está reñida una cosa con la otra.
Algunos recuperamos la illusion por ver un concierto tan amplio y lleno de matices como el que vimos el Jueves en el Oasis Club Teatro.

Texto por Jesus D. Royo-Piqueras para www.mueveteendirecto.com
Fotografías por Gustaff Choos para varios medios especializados
Etiquetas: Gustaff Choos, mister hyde, Muevete en directo, the raveonettes
Suscribete: