Anoche el Príncipe Felipe sucumbió a Franz Ferdinand. Y dicho así podría parecer la crónica de un enfrentamiento de poderes y ambiciones entre herederos a diferentes coronas europeas, una lucha de otra época por tronos y territorios, pero nada más lejos. El cuarteto escocés Franz Ferdinand (que le debe su nombre a un archiduque heredero al trono austrohúngaro de principios del siglo pasado) usó unas armas y medios nada bélicos en su propuesta, si no todo lo contrario, utilizó lo que mejor sabe hacer: música Indie rock con carácter lúdico para conquistar a un publico que prácticamente lleno el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.
Desde primeras horas de la tarde sus fans más jóvenes se apostaban a las puertas del recinto para poder disponer de un sitio en primera fila; Los ya no tan jóvenes apuraban al último momento para entrar pero, tanto unos como otros, tenían claro que este debía ser un show para vivir a pie del cañón y no sentados en las gradas.
Y así, pasadas las 21.30h, salía al escenario Alex Kapranos y su banda provocando el delirio a las cinco mil personas asistentes con los primeros acordes de “No you girls”, de su ultimo trabajo Tonight. “Desde ese momento al final: subidón, subidón…”, repetía tras el concierto un fan enloquecido por lo que había visto.
Lo cierto es que, aunque a algunos nos cueste entender el fenómeno fan (en su acepción más fanática), los chicos de Franz Ferdinand dieron un recital muy divertido del que salieron más admiradores de los que entraron. Hábilmente, combinaron una puesta en escena atractiva con una actitud encomiable y aprovecharon sus hits, por ejemplo y entre otros, Do you want to y Take me out (momento en que al pabellón le retumbaron hasta los cimientos) para hacer botar al respetable como hacía tiempo que no se veía en el Príncipe Felipe.
Alex Mister Hyde me mandaba un mensaje diciendo simplemente “Estoy impresionado” (palabras mayores viniendo de) y es que, ciertamente, el espectáculo estuvo a la altura de lo que se esperaba. Tanto, que incluso en un pequeño impás de la actuación, dónde los cuatro miembros adelantan sus posiciones para aporrear juntos (extraordinariamente por cierto) el set de percusión de Paul Thomson, se pudo disfrutar de un corte alargado “improvisadamente” por los músicos, lo que da buena cuenta de que el fervor del momento no era sólo cuestión del público,
si no también de los propios componentes de Franz Ferdinand.
En definitiva, como diría el escritor y cronista Octavio Gómez Milián “Todo muy rico.
Etiquetas: conciertos, franz ferdinand, Gustaff Choos, gustaff room
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